¿Evangélicos ingenuos o influyentes?

¿Evangélicos ingenuos o influyentes?

(columna del año 2011) ¿Los políticos nos usan a los evangélicos? ¿Somos ingenuos al participar con ellos en gestiones, capellanías, oraciones? ¿No es caer en traer política a la iglesia? Como siempre debemos recurrir primero a la Escritura para buscar respuestas para todas nuestras preguntas. Claramente los ejemplos bíblicos de hombres y mujeres de Dios puestos en posiciones de influencia han cambiado el mundo. Esther salvó del exterminio a su pueblo. Daniel logró la vuelta de Israel a la tierra y la caída de un imperio maléfico, Babilonia, dando siempre impecable testimonio al Dios vivo. Nehemías pudo tramitar la reconstrucción de Jerusalén. Sí, Dios puede levantar a sus siervos en momentos históricos para avanzar el reino de Dios. En la historia de la iglesia encontramos múltiples ejemplos similares, desde los grandes consejeros de los reyes y emperadores cristianos hasta sencillos sirvientes que influyen en sus amos y así los llevan a Cristo. Alfredo el Grande en Inglaterra, Calvino en Ginebra, Abraham Lincoln en EEUU, Wilberforce quien logra abrogar las leyes contra la esclavitud, son sólo algunos ejemplos.

 

En el Nuevo Testamento nada nos indica que debemos mantenernos aparte del proceso político como cristianos, pero sí de la corrupción, del abuso de poder, de la falsedad. Somos llamados a apoyar a nuestros gobernadores, quienes quieran que sean, como también profetizarles. La clave está en no permitir que la iglesia se alinee con una expresión o tendencia o partido político en particular, sino que mantenga tal independencia que pueda traer el Reino de Dios a la política de su momento. Esto no es fácil. A veces estaremos caminando por el filo de la espada, entre lo mundano y lo espiritual. Es claro que el mundo político se va a interesar en nosotros mientras representemos una fuerza grande en el país. ¡Sería extraño si no fuera así! Y bien, también es bíblico que usemos ese interés para avanzar la causa del Evangelio y del Reino en el país, recordando, eso sí, que hay que usar el discernimiento y la oración. Sí, porque mientras que en muchos casos podremos coincidir en los intereses del Reino y los del gobierno en temas valóricos por ejemplo, la familia, el trabajo, el alivio de la pobreza, la ecología, en otros, no será así. Necesitaremos la valentía de un Daniel y sus pares de enunciar claramente nuestras lealtades con Cristo y su palabra. No significa esto que siempre estaremos predicando en cada oportunidad que se presente. Seremos sabios, hábiles con la Palabra, cariñosos, humildes, serviciales, ganando el derecho de predicar por nuestro testimonio santo y amoroso.

 

Es así como encuentro en el mundo político de nuestro país, personas que están muy abiertas a la oración, a escuchar la Palabra de Dios, a reflexionar en cuanto a los valores del Reino, quienes con mucho aprecio agradecen el pastoreo. No fue un accidente, creo yo, el día que pude expresarle a ambos presidentes que el pueblo evangélico está orando “por que el Espíritu Santo mismo sea quien dirija cada decisión que toman”.

 

Pidamos mucho que cada día Dios nos dé en toda la nación formas amorosas, creativas, efectivas, fructíferas para influir en nuestra nación y sus autoridades, los preceptos y valores del Reino de Dios. Usemos de buenos modales, actitudes razonables, buen testimonio, santidad, palabras sazonadas con la sal de la gracia. ¡Vienen días de viento y temblor espiritual a Chile!

Alfredo Cooper
Obispo anglicano. Conductor de programa televisivo. Conferencista interdenominacional. Coordinador de Agrupación Pastoral Oriente, Santiago. Fue capellán del Palacio de Gobierno